sábado, 1 de febrero de 2014

Vulnerabilidad Comunicativa

La infancia, la adolescencia y la tercera edad, son los grupos más vulnerables en cuanto a la implementación real del derecho a la salud, la educación y la ocupación para todos. Se encuentran inmersos en sistemas de salud y educación marcados por el avance de la ciencia y sus aportes asombrosos. Sin embargo, la extensión de la cobertura, se hace un objetivo cada vez más utópico, especialmente para aquellos con menores ingresos económicos y complejidad de sus características individuales.

Es paradójico, que el mundo actual afronta el riesgo de excluir al sujeto mismo, a quien van dirigidas sus acciones. Un sistema que en su búsqueda de excelencia, eficacia y eficiencia, a menudo se restringe a sólo lograr mayores beneficios y menores costos económicos, cuyas ganancias van al bolsillo y las cuentas bancarias de quienes tienen el poder del dinero.

Si al momento del nacimiento, o por diversas circunstancias durante su vida (enfermedades, accidentes), resulta que una persona no posee las condiciones o los prerrequisitos mínimos esperados para su desenvolvimiento individual y comunitario tradicional, se comienza a mirar a la misma como “discapacitada”, en el orden físico, sensorial, social y / o psíquico. El rótulo de “discapacitado” supone disminución, y la palabra en sí enmarca una connotación negativa de la persona: “alguien que no puede hacer”.


Es necesario fomentar, desde la más temprana infancia, en todos los individuos, aquellas actitudes relacionadas con el reconocimiento de las otras capacidades que tienen las personas, en lugar de detenerse en todo aquello que no pueden hacer.

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