sábado, 1 de febrero de 2014

Lenguaje, Juego y Familia

Todas las facultades originales del ser humano, que empiezan a partir de las primeras relaciones sociales (intercambios etc.), son la ayuda básica y / o inicial para que el niño aprenda a usar la lengua y las diversas modalidades comunicativas. Es decir, antes de la comunicación lingüística, aprende otros sistemas funcionales de intercambio.

Entonces, el desarrollo del lenguaje tiene una inmensa base pragmática, no sistemática o mágica. Lo que mueve al aprendizaje de la lengua es la necesidad comunicativa del ser humano. La ayuda que recibe el niño por parte de los adultos (especialmente padres), es esencial para dicha adquisición, comenzando con una adaptación lingüística de los mayores por medio de la cual se le habla al pequeño utilizando un nivel lingüístico, más comprensible.

Es así como el niño, con su pequeña capacidad de procesar información, logra comprender las referencias a las que los adultos aluden, que en su primer momento son comunicaciones no lingüísticas, pero que conforman la base de la adquisición del lenguaje.

Las rutinas cotidianas constituyen uno de los que ayudan al niño a desenvolverse lingüísticamente y conforman lo que se denomina “Sistema de Apoyo de Adquisición del Lenguaje”, el cual consiste en una serie de “formatos familiares” o convenciones que guían al aprendiz en un proceso progresivo y continuo, para el uso de las diversas modalidades comunicativas mediadas por el lenguaje;.

Bruner (1983) afirma que los juegos practicados con los bebes lo van formando e integrando socialmente. A través de diversas actividades experimentales y / o pragmáticas, explica la importancia que tienen estos juegos mencionados para que el niño pueda acercarse progresivamente al uso del lenguaje.

Dentro de una serie de esas contribuciones del juego encontramos la comprensión de los turnos de la conversación (el niño aprende esto a partir de la estructuración de las partes del juego). También, el placer del juego que mantiene al niño concentrado en él, le será útil para luego mantenerse en una actividad compleja, una “realidad estructurada”, “una forma de vida”.

Es decir, que las estructuras de los juegos “…se imponen en formatos del tipo indicar y solicitar, que, en efecto, son esenciales para el desarrollo y la elaboración de estas funciones comunicativas. Ellos proporcionan el medio que hace posible su convencionalización y, finalmente, su transformación de formatos en actos de habla más flexibles y móviles…”[1]

El siguiente paso consiste en la referencia. Una de las fases de la referencia es que implica una interacción social que requiere de cierta reciprocidad o acuerdo entre emisor y receptor. Puede existir un importante desacuerdo cuando el tema referido tiene la posibilidad de variar de acuerdo con la interpretación asignada desde la subjetividad del receptor.

Ante el surgimiento de dificultades de esta índole entre madre e hijo, aparece la “negociación”. Mientras que el niño todavía no se expresa lingüísticamente, existen ciertos balbuceos y gritos, o gestos, etc., que la madre logra interpretar y de este modo satisfacer sus necesidades. Pero con el transcurrir del tiempo entre ambos existen ciertas actividades en las que se negociará qué nombre se le dará a ciertos objetos.




[1] Bruner, J. (1983): El habla de la persona. Paidós, Buenos Aires. p. 63).

Estimulación

Todo lo que el niño percibe a través de los sentidos, se considera estímulo. Es el alimento necesario para lograr una actividad psicomotriz o cognoscitiva que permite organizar y desarrollar el Sistema Nervioso. El Estimulador (profesional o integrante de la familia) debe elegir los estímulos adecuados para cada momento de la evolución de la persona, en tal forma que no sean los utilizados en las primeras etapas, los mismos que en las posteriores.

Los estímulos que reciben tempranamente los bebés humanos, son generales. Responden a la interacción con el medio y con los otros. Son condiciones fundamentales e imprescindibles para estar y seguir con vida. Esa estimulación temprana, es universal. Es estimulación natural e incide en todos las personas, sin distinción alguna, desde el momento mismo del nacimiento o aún antes. Es "temprana" en tanto comienza con la vida misma.

Los primeros años de la vida de un niño son los más decisivos. Durante los 3 primeros, se produce el periodo de maduración más relevante, llamado mielinización, durante el cual las vías nerviosas van definiendo y mejorando su función, con base en un programa ya establecido en cada ser humano y la presencia de una estimulación adecuada. Los primeros movimientos, que son totalmente involuntarios o reflejos, van desapareciendo para dar paso a una actividad cortical o voluntaria cada vez más sofisticada.

Hay cuatro factores que pueden alterar el desarrollo normal de un niño en los 3 primeros años de vida:

1.    Lesión directa sobre el Sistema Nervioso debido a infecciones de la madre o tóxicos ingeridos por la misma, que llegan por la corriente sanguínea al niño; hipoxia o anoxia perinatal; hemorragia intracraneal por indebido manejo del parto; traumas craneoencefálicos por caídas, etc.

2.    Afección de otra parte del cuerpo que provoca secundariamente alteraciones en el sistema nervioso: Riesgo Biológico. En este caso, malformaciones, ausencia o disfunción de componentes de los analizadores sensoriales que impiden la llegada de estímulos de suficiente calidad y cantidad al cerebro, y por lo tanto la adquisición del lenguaje y el conocimiento de su entorno.

3.    Alteraciones Genéticas.



4.  Causas que dependan del medio ambiente y que influyan sobre el normal crecimiento y desarrollo del Sistema Nervioso: Riesgo Ambiental. Aquí entra el abandono o la deprivación sensorial y socio - emocional muy típica de las personas con discapacidad. 

Estimulación del Desarrollo Armónico Infantil

La Estimulación Temprana no es solo una tarea o la acción aislada de un Proyecto Institucional o una Estrategia Profesional Individual o de Equipo. Es básicamente una etapa del proceso que inicia el niño y su familia desde el momento del nacimiento del primero y debe ocuparse de todos los aspectos estructurales e instrumentales del desarrollo humano, los cuales están profundamente entrelazados entre sí.

La llamada Estimulación Temprana, para nosotros “ESTIMULACIÓN PARA EL DESARROLLO ARMÓNICO INFANTIL”, tiene indicaciones precisas, destinatarios puntuales. Es singular. Es propia de cada uno. La intervención requiere profesionales especializados que hayan hecho una elección vocacional que los habilite para intervenir con personas afectadas por una discapacidad o en riesgo de presentarla. Es decir, cuando alguna dificultad particular aleja a un ser humano de lo que se espera para la mayoría.

LA ESTIMULACIÓN PARA EL DESARROLLO ARMÓNICO INFANTIL, desde su corpus teórico, puede aportar sus conocimientos a quienes son los agentes de la estimulación natural, a los padres, en la difícil y fascinante tarea de crianza de un hijo que, a pesar de las dificultades, puede seguir teniendo la promesa de una vida plena.

Requiere de un trabajo de equipo, alejado de los riesgos de la fragmentación del conocimiento que provoca intervenciones paralelas o parciales, ocupándose cada una de una parte del organismo o sus funciones, mientras se olvida o no se tiene en cuenta que el destinatario es un Sujeto en constitución. Por ello la estimulación es solo parte del proceso, pues deben tenerse en cuenta en primer lugar las posibilidades de respuesta de la persona a este estímulo y cómo incide esta respuesta al generalizarse para la vida diaria del mismo y su familia.

El trabajo de un Equipo de Estimulación y Desarrollo Armónico Infantil comienza por una amplia reflexión sobre sus objetivos y metas, así como la organización y planificación de la tarea. Intervenir cuando el desarrollo de un bebé o niño pequeño está afectado o en riesgo, desde la familia o instituciones con proyectos claros y aptos para brindar los servicios necesarios, es condición para favorecer la vida humana, entendida como bienestar general y consecuentemente, como la paulatina apropiación de los valores de la cultura.


El Equipo debe diseñar un método apropiado, probarlo y sistematizarlo; experimentar materiales guías y planillas para padres y finalmente volcar sus experiencias en el trabajo diario.

Vulnerabilidad Comunicativa

La infancia, la adolescencia y la tercera edad, son los grupos más vulnerables en cuanto a la implementación real del derecho a la salud, la educación y la ocupación para todos. Se encuentran inmersos en sistemas de salud y educación marcados por el avance de la ciencia y sus aportes asombrosos. Sin embargo, la extensión de la cobertura, se hace un objetivo cada vez más utópico, especialmente para aquellos con menores ingresos económicos y complejidad de sus características individuales.

Es paradójico, que el mundo actual afronta el riesgo de excluir al sujeto mismo, a quien van dirigidas sus acciones. Un sistema que en su búsqueda de excelencia, eficacia y eficiencia, a menudo se restringe a sólo lograr mayores beneficios y menores costos económicos, cuyas ganancias van al bolsillo y las cuentas bancarias de quienes tienen el poder del dinero.

Si al momento del nacimiento, o por diversas circunstancias durante su vida (enfermedades, accidentes), resulta que una persona no posee las condiciones o los prerrequisitos mínimos esperados para su desenvolvimiento individual y comunitario tradicional, se comienza a mirar a la misma como “discapacitada”, en el orden físico, sensorial, social y / o psíquico. El rótulo de “discapacitado” supone disminución, y la palabra en sí enmarca una connotación negativa de la persona: “alguien que no puede hacer”.


Es necesario fomentar, desde la más temprana infancia, en todos los individuos, aquellas actitudes relacionadas con el reconocimiento de las otras capacidades que tienen las personas, en lugar de detenerse en todo aquello que no pueden hacer.