Todas las facultades originales del ser humano, que
empiezan a partir de las primeras relaciones sociales (intercambios etc.), son
la ayuda básica y / o inicial para que el niño aprenda a usar la lengua y las
diversas modalidades comunicativas. Es decir, antes de la comunicación
lingüística, aprende otros sistemas funcionales de intercambio.
Entonces, el desarrollo del lenguaje tiene una
inmensa base pragmática, no sistemática o mágica. Lo que mueve al aprendizaje
de la lengua es la necesidad comunicativa del ser humano. La ayuda que recibe
el niño por parte de los adultos (especialmente padres), es esencial para dicha
adquisición, comenzando con una adaptación lingüística de los mayores por medio
de la cual se le habla al pequeño utilizando un nivel lingüístico, más
comprensible.
Es así como el niño, con su pequeña capacidad de
procesar información, logra comprender las referencias a las que los adultos aluden,
que en su primer momento son comunicaciones no lingüísticas, pero que conforman
la base de la adquisición del lenguaje.
Las rutinas cotidianas constituyen uno de los que
ayudan al niño a desenvolverse lingüísticamente y conforman lo que se denomina
“Sistema de Apoyo de Adquisición del Lenguaje”, el cual consiste en una serie
de “formatos familiares” o convenciones que guían al aprendiz en un proceso
progresivo y continuo, para el uso de las diversas modalidades comunicativas
mediadas por el lenguaje;.
Bruner (1983) afirma que los juegos practicados con
los bebes lo van formando e integrando socialmente. A través de diversas
actividades experimentales y / o pragmáticas, explica la importancia que tienen
estos juegos mencionados para que el niño pueda acercarse progresivamente al
uso del lenguaje.
Dentro de una serie de esas contribuciones del
juego encontramos la comprensión de los turnos de la conversación (el niño
aprende esto a partir de la estructuración de las partes del juego). También,
el placer del juego que mantiene al niño concentrado en él, le será útil para
luego mantenerse en una actividad compleja, una “realidad estructurada”, “una
forma de vida”.
Es decir, que las estructuras de los juegos “…se imponen en formatos del tipo indicar y solicitar,
que, en efecto, son esenciales para el desarrollo y la elaboración de estas
funciones comunicativas. Ellos proporcionan el medio que hace posible su
convencionalización y, finalmente, su transformación de formatos en actos de
habla más flexibles y móviles…”[1]
El siguiente paso consiste en la referencia. Una de
las fases de la referencia es que implica una interacción social que requiere
de cierta reciprocidad o acuerdo entre emisor y receptor. Puede existir un
importante desacuerdo cuando el tema referido tiene la posibilidad de variar de
acuerdo con la interpretación asignada desde la subjetividad del receptor.
Ante el surgimiento de dificultades de esta índole
entre madre e hijo, aparece la “negociación”. Mientras que el niño todavía no
se expresa lingüísticamente, existen ciertos balbuceos y gritos, o gestos,
etc., que la madre logra interpretar y de este modo satisfacer sus necesidades.
Pero con el transcurrir del tiempo entre ambos existen ciertas actividades en
las que se negociará qué nombre se le dará a ciertos objetos.

